Feeds:
Entradas
Comentarios

…tiempos en los que Cónsul consultaba hundido entre pilas, oh, pilas, de pecosas y documentos del orden imperante. tiempos en los que las cadenas a escritorios multinventariados eran el precio a pagar por conocer las entrañas sabrosas que se levantan al dejar la superficie del Callao sumergido… tiempos, decía, en los que fueron recopiladas cientos de historias como esta, al pie de una campana, en Quinocay… 

Su origen esta en el desierto, su identidad es tan misteriosa como su edad.  Su mirada profunda atisba los secretos que guarda, tal igual el camello en su espalda lleva el recuerdo del agua.

Su vida ha transcurrido en mil historias: soldado, espía,  exiliado político, viudo por partida doble  y mercader. Su aspecto físico es la reconstrucción de viejas heridas, su rostro no le pertenece y su cuerpo esta maltrecho. Sin embargo no pierde el equilibrio ni la fuerza, muchas mujeres han y siguen encontrando en él un “varón”, una especie en extinción en un mundo donde sólo van quedando hombres. 

Conocerlo impresiona, puede revelar nuestra personalidad e historia con sólo mirar nuestros ojos, y ver en ellos los ojos de antepasados, número de hijos, amores que fueron  y  que vendrán.

Su estilo “sui generis” emana la destreza del camuflaje, que lo ha convertido en una leyenda, un mito.  

Puedes encontrarlo en un famoso y antiguo bar de Barranquito City compartir unas cervezas mientras ríes (otra de sus cualidades) y te asombras, mientras crees o descrees sus palabras. Lo que sí esta garantizado es que no pasará desapercibido, aunque siempre sea un clandestino.

Cuando se comente sobre él es recomendable no hacerlo durante las horas nocturnas, puede que se llame a su sombra y esta nos espíe.

La Loca Bruja nació  en el Callao en 1450 (fecha incierta), cuando dicho puerto aun no tenía la fama que hoy dispone.

Acosada y solicitada por piratas, la Loca Bruja viajaba en interminables viajes a través del mar acosando de miedo con sus embrujos a los almirantes y marinos mercantes que en aquella época la trasportaban por temor.

Se dice que conoció todos los mares del mundo, incluso los ahora desaparecidos.

Ganó dicho apelativo por los horrores y por el poder mágico que poseía.

Murió quemada en España durante uno de sus recorridos, la Santa Inquisición la encontró y la quemó por conducta impropia, hereje e hija del mal.

Hoy el Perú cuenta con dos estatuas a su nombre; en el ovalo Canadá (Callao) y en el ovalo de la Molina. Pues se cree actualmente que en realidad la Loca Bruja fue una santa que cometía el mal en beneficio de los más incomprendidos.

Hace 10 años, en el año 2000 se le dió la orden de patriota Chalaca.

Lo encontré sumergido en una montaña multicolor del mercado que responde al nombre de una iglesia cerca a la plaza mayor de huamanga, ayacucho, reluciendo los suyos propios,  intrigada por esos colores que aún no sé qué despiertan en mí.

Me resolví a apartarlo de aquella espesura y descubrí en ella ese símbolo militar incaico, la chacana, cuyo nombre me lo recordó un integrante de MF, repetida caleidoscópicamente, lo quise obtener enseguida.

En sus inicios era una mochila y estaba diseñada para alguien más pequeño, así que resolví transformarla rápidamente en bolso descosiendo 2 de sus extensiones adheridas al cuerpo del mismo.

No es sino el bordado de la chacana que se engrandece al contorno de la silueta de una más pequeña, lo que le da profundidad y, ¿por qué no?, algo de misterio a la pieza.

Admito que su símbolo guerrillero me ha enfrentado a alguno que otro transeúnte con discordia, pero también ha sido excusa para muchos adeptos a revelar sus más profundas creencias.

Al comienzo, era inconfundible su olor a auquénido, quizás alpaca por la textura, olor que se ha ido desvaneciendo y han sido lentamente desplazado por aromas de otros objetos cobijados en este, los cuales han ido adoptando el olor de alpaca. Es un acto recíproco, una especie de trueque en el que yo no participo, salvo al momento de hundir la mano en las entrañas de este y obtener después no solo un celular o un lápiz o un monedero, sino un monedero impregnado de mis días, resaltando más el aroma de ayer que el de anteayer, y siempre, pero siempre, un ligero aroma a andes ayacuchanos, alpacas y manos de tejer.

Es así como este morral no solo cumple la función de cobijar mis pertenencias, es mágico puesto que impregna todo lo que en ella ha acontecido, devolviéndome un objeto nuevo, capaz de transmitir mis vivencias.

Repetidamente meto las manos en ella, izquierda y derecha no dan lo mismo, a cada cual le revela otra escena. He podido descubrir aspectos de mi pasado que ya no recordaba, al sumergir sutilmente mi cabeza entera dentro de ella.

Muchos amigos han intentado descubrir algún secreto mío husmeando en esta, pero de nada les ha valido, ya que el morral solo me revela a mí, mis propias anécdotas.

Cuando necesito hacer algún presente a un ser querido, sumerjo en el morral aquel objeto de su preferencia, lo dejo reposar por un día, y de preferencia a la intemperie, y si hay luna llena mucho mejor. Al obsequiarlo, este amigo se familiariza y encariña rápidamente  con el objeto, me confiesa posteriormente que algo de mí tiene el objeto, que cuando lo lleva consigo siente mi presencia.

El morral es una pieza muy personal, es como el diario de algún romántico. Para mí un pedazo de tela de manto que  tiene mis historias acumulándose más y más, emanando olores cada vez más sorprendentes. No sé cuántos aromas de mi vida pueda soportar.

Espero que si alguna vez millones de años después alguien lo llega a encontrar, no se vaya a intoxicar.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.